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El pijama de Tomás se está rompiendo.
-¡No puede ser! Mi pijamita no se puede romper- se quejó Tomás. El pijamita Jaleo era el favorito de Tomás. Tenía gomas en los pies para evitar resbalones. Podía correr por el suelo de la cocina sin miedo a patinar.
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La cremallera nunca se atoraba. Le gustaba el ruido que hacia cuando subía y la bajaba. Además, las cremalleras eran más fáciles de manejar que los botones de los otros pijamas. La cremallera se podía cerrar tanto por arriba como por abajo, de modo que Tomás podía rascarse cómodamente la barriguita.
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Los otros pijamas tenían dos piezas que con frecuencia se extraviaban en la lavadora y terminaban en gavetas distintas. El pijama Jaleo era de una sola pieza. Si encontraba la parte de arriba también encontraba la parte de abajo. Y lo mejor de todo, el pijama favorito de Tomás era muy cómodo y suave. No le irritaba la piel. No lo arañaba cuando se frotaba la nariz con la manga.
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Pero ahora el pijama no le queda muy bien. ¡Hace tres semanas, Tomás se dio cuenta de que la manga le estaba llegando al codo! Y las piernas apenas le cabían dentro. Tenía que encoger los dedos de los pies para que cupieran. La cremallera se convirtió en un problema la semana pasada. Tomás tuvo que encoger muchismo la barriga para poder cerrar el pijama. ¡No quería cogerse el ombligo con la cremallera!
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Papá le dijo:
-Tomy, ese pijama te queda demasiado pequeño, tendrás que usar otros.
Tomás le suplicó a su mamá:
-¿Podemos comprar otro pijama como éste?
- Lo siento, pero no hacen pijamas como ese para niños grandes como tú –le explicó su mamá.
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Domir con pijamas de botones era terrible.
Algunas noches Tomás no podía encontrar la parte
de arriba y otras, la de abajo estaba perdida.
Para colmo, eran ásperos así que le dolía la nariz
cuando se rascaba con la manga.
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Tenía que resolver el problema el solito.
-Mamá, voy a montar bicicleta- anunció Tomás después de desayunar.
Sabía adonde iba. Había oído hablar a su abuela sobre una tienda que sería perfecta.
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-¿Puedo ayudarte?-le preguntó el dependiente de la tienda.
-Si-dijo Tomás-.
Necesito un nuevo pijama Jaleo azul, por favor.
-Hijo, aquí sólo vendemos pasteles y jaleas.
Descorazonado, Tomás salió de la tienda
y se montó en la bicicleta.
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Entonces, escuchó a dos mujeres que hablaban:
-Pues si, encontré lo que necesitaba, ahí enfrente, en la tienda de Pilar Mateo.
¿Habría oído bien? Tomás cruzó enseguida. Una mujer muy enjoyada y elegante se dirigió a él:
-Jovencito, ¿estás perdido?
-Bueno, quisiera un par de pijamas Jaleo azules.
-Pero, que dices, esta es la joyería de Pilar Mateo, la mejor de la ciudad. Aquí no hay pijamas Jaleo.
-Está bien-murmuró Tomás-. Seguiré buscando.
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Tomás leía los letreros de las tiendas. De pronto, le pareció ver un letrero que ponía Pijamas Jaleo. Dentro de la tienda, los estantes estaban llenos de toda clase de papeles y frascos de tinta.
-Bienvenido a la papelería Tomeo.
¿Puedo ayudarte en algo?
Tomás susurró decepcionado: -No, gracias.
¡Que difícil era encontrar un nuevo pijama!
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Sólo le quedaba una opción. Sus papás habían salido a cenar y su abuela había venido a cuidarlo. Después de bañarse, Tomás se puso el pijama Jaleo que el mismo había “arreglado”.
-Pero, ¿qué es eso? –se asombró la abuela-. ¿Qué le pasó a tu pijama?
-Nana, tengo un problema. No sé por donde empezar. Tomás le describió todos sus intentos por conseguir un pijama, hasta que decidió arreglar él mismo su pijamita.
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-Vamos a ver en que te puedo ayudar- lo consoló abuelita.
Le acarició la espalda hasta que Tomás se quedó dormido.
Esa noche, Tomás soñó con su pijama Jaleo.
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Al día siguiente, por la noche llamaron a la puerta.
¡Era la abuela!
-¿Por qué no abres este paquete en tu habitación?- le dijo con una sonrisa.
-¡Me encanta!-exclamó Tomás-. Es incluso mejor que mi pijama Jaleo.
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El nuevo pijama era…taaaan suave. Abuela había usado la cremallera del viejo pijama, de modo que éste también se podía cerrar por arriba y por abajo. Y las suelas de goma eran las mejores del mundo. Ahora podía correr aún más rápido.
-Los pijamas Jaleo son para niños pequeños-pensó Tomás-.
Los niños grandes como yo usamos…¡pijamas de la abuela!