En las orillas del Amazonas
Written by Escrito por Nancy Kelly Allen, Illustrated by Ilustrado por Elizabeth Driessen,
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En las orillas del Amazonas, comienza un nuevo día. El poderoso Amazonas ondea de un lado a otro bajo el verde follaje. Masas de musgos cuelgan en esta gran maraña que se conoce como selva tropical.
Dos cazadores de safari ven huellas de animales. Los animales ven huellas humanas.
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En las orillas del Amazonas, la selva despierta al contacto de la suave brisa que se filtra entre los árboles y hace susurrar las hojas. Unos monos aulladores saltan de rama en rama agarrándose con patas y colas. Con terribles alaridos y con gruñidos persistentes advierten a otros monos que se mantengan alejados. No están dispuestos a compartir sus árboles frutales.
Dos cazadores de safari escuchan a los aulladores. Los aulladores escuchan a los cazadores.
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En las orillas del Amazonas, el aire de la mañana es fresco y limpio. Un jaguar jadea con ritmo lento y profundo. Muy cerca, un tapir se da cuenta de que el jaguar lo observa. Rápido como un silbido y emitiendo un chillido penetrante, el tapir avanza entre la maleza hacia el río. El jaguar se vuelve y corre en silencio.
Dos cazadores de safari apuntan al jaguar. El jaguar huye.
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En las orillas del Amazonas, la luz del sol se filtra a través de los árboles. El suelo de la selva, muy alejado del verde follaje, esta moteado con pedacitos de sol. Los árboles y las enredaderas extienden sus hojas, atrapando los rayos del sol mucho antes de que éstos lleguen al suelo. Las venenosas ranas-dardo, de manchas brillantes, no intentan esconderse. Al contrario, hacen gala de sus colores mientras saltan hacia un montón de hojas, buscando insectos para el almuerzo.
Dos cazadores de safari se fijan en las ranas. Las ranas se fijan en los cazadores.
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En las orillas del Amazonas, el sol de la mañana se eleva bien alto en el cielo. Cerca del agua, una anaconda se enrolla alrededor de un árbol como si fuera su corteza. La tranquilidad es rota por un pez que salta fuera del agua. La anaconda resbala por el árbol y se desliza en el agua.
Dos cazadores de safari echan una ojeada a la anaconda. La anaconda les echa una ojeada.
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En las orillas del Amazonas, el sol del mediodía calienta la selva. Desde lo alto de un árbol, un perezoso de tres dedos ve el mundo patas arriba. El perezoso cuelga cabeza abajo durante todo el día, mientras come y duerme. Incluso el pelo del perezoso crece al revés, del estómago hacia la espalda.
Dos cazadores de safari miran al perezoso. El perezoso los mira.
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En las orillas del Amazonas, las copas del los árboles iluminan el día. Las orquídeas rojas y rosadas estiran sus pétalos hacia el sol. Plumas azules y verdes incendian las ramas donde se posan las cotorras. Ellas van como el viento hasta los peñascos de arcilla donde se posan y picotean.
Dos cazadores de safari ven a las cotorras. Apuntan y disparan. Las cotorras lanzan un chillido y alzan el vuelo para regresar a la seguridad de los árboles.
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En las orillas del Amazonas, el sol de la tarde impulsa a los animales a buscar la sombra. Unos graciosos delfines rosados se deslizan con suavidad por la corriente rizada. Chapoteando, una aleta rosada emerge del agua y luego desaparece.
Dos cazadores de safari observan a los delfines rosados. Los delfines los observan.
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En las orillas del Amazonas, las sombras se alargan al final del día. Las ramas de una piranheira se extienden sobre las rizadas aguas. Cientos de orugas, miles de orugas cubren el árbol, mientras esperan a salir del capullo. Debajo del árbol un banco de pirañas nada y espera. Una oruga cae. El agua salpica. ¡NAM!
Dos cazadores de safari avistan a las pirañas. Las pirañas los avistan.
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En las orillas del Amazonas, el sol de la tarde se desvanece en el cielo lejano. Las hormigas aztecas se afanan trabajando en la acacia. Una fastidiosa enredadera no tiene la menor oportunidad de crecer alrededor de la acacia. Las hormigas aztecas atacan la enredadera, hoja por hoja, hasta que ésta se da por vencida y crece en otra dirección.
Dos cazadores de safari estudian a las hormigas. Las hormigas estudian a los cazadores.
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En las orillas del Amazonas, los animales cazan en el crepúsculo. Unos caimanes de anteojos toman el sol sobre las cálidas rocas. Uno a uno, lentamente, se arrastran de regreso al agua. Sus mandíbulas sonríen mientras ellos flotan como troncos a la deriva, esperando a atrapar su cena.
Dos cazadores de safari les apuntan. Los caimanes desaparecen en las profundidades.
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En las orillas del Amazonas, la noche avanza sobre la selva tropical. La lluvia cae fuerte y rápida. El calor del día desaparece. Gorjeos, chillidos y graznidos llenan la oscuridad con la música de la selva tropical. El croar estruendoso de las ranas arbóreas envueltas en las hojas perfora el aire y acelera el ritmo.
Dos cazadores de safari escuchan a los animales. Los animales los escuchan.
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En las orillas del Amazonas, las luciérnagas hacen fulgurar sus faros nocturnos. Unas luces brillantes flotan hacia arriba y hacia abajo. Como un helicóptero, las luces quedan suspendidas en el aire y, enseguida, vuelven a subir y a bajar. Son escarabajos de resorte que buscan comida. El suelo de la selva desprende un resplandor espectral. Una seta, un hongo, arroja un débil rayo de luz.
Dos cazadores de safari contemplan las luces. Los animales nocturnos contemplan a los cazadores.
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En las orillas del Amazonas, la niebla se levanta para mostrar un nuevo día en el mundo esmeralda. Los monos aulladores se despiertan unos a otros con aullidos. Un nuevo día de caza comienza para el jaguar. Un nuevo día para asolearse espera a los caimanes. Un nuevo día de caza termina para los escarabajos de resorte.
Dos cazadores de safari recogen sus cámaras, apuntan y disparan de nuevo. Los animales se escabullen.